Mes: febrero 2017

Interesante

La fascinante imprenta que elabora libros igual que en 1960

“Lo más importante no son las máquinas sino los oficios”

La imprenta patriótica

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En un taller del Instituto Caro y Cuervo se siguen fabricando textos con máquinas que tienen más de medio siglo. Es un lugar que conserva oficios en vía de extinción.En Chía hay un lugar detenido en el tiempo. Es la hacienda del expresidente y filólogo José Manuel Marroquín (1827 – 1908). A la entrada está el camino de los poetas con monumentos de escritores colombianos como José Asunción Silva. La restauración de la casa Marroquín, Monumento Nacional que pronto será un museo, ha avanzado. Y las flores del jardín ya han dado sus primeros retoños. Hay tanto silencio en el lugar, que no se escuchan voces sino susurros.

En este campo rodeado de árboles y pastos está la biblioteca José Manuel Rivas Sacconi que esconde joyas literarias como los diarios y libros de Soledad Acosta de Samper. Custodia Ríos es la bibliotecaria hace más de 30 años. Nadie como ella conoce las reliquias de este templo de la literatura. Allí también está el laboratorio de lenguas, las oficinas y residencias de los investigadores.

En la hacienda también está ubicada la Imprenta Patriótica, el lugar donde se siguen elaborando libros tal como se hacía hace más de medio siglo. Sus trabajadores dicen orgullosos en las visitas guiadas que es lo más cercano que tenemos los colombianos a la imprenta de Johannes Gutenberg, el inventor de este tipo de máquinas con tipos móviles en Alemania.

En el lugar hay aparatos traídos de Estados Unidos y Alemania que necesitan de las manos meticulosas de operarios. Llegaron al país en 1960, el mismo año en el que fundó este sello editorial en honor a Antonio Nariño, quien tenía también una imprenta en la que se tradujeron los derechos del hombre y del ciudadano.

Se puede ver en vivo parte de la historia de la impresión tipográfica y litográfica. Es un lugar que guarda algunos oficios en vía de extinción. Armando Rodríguez y Jaime Antonio Álvarez son linotipistas; Jorge Eliecer González, armador; la impresión tipográfica es liderada por Giovanny Valbuena y Jorge Mora. Y en la encuadernación están tres grandes amigas Helena Rubiano, Luz Marina Salazar, Mariela Beltrán y Pilar Osorio. Todas las personas que trabajan en estos oficios llevan al menos 20 años en este lugar.

Armando explica que el proceso comienza con la idea de alguien que desea escribir un libro. Una vez es amparada por la editorial, ellos empiezan su trabajo.

El primer paso es digitar el manuscrito en la linotipia, una máquina inventada por Ottmar Mergenthaler en 1886, que funde el plomo para formar una línea completa de texto. Luego, estas líneas pasan al armador, quien compone las páginas de plomo y se establece junto al diseñador la estructura gráfica del libro: espacio, columnas, sangría, entre otros.

En esta etapa las primeras páginas son revisadas por el corrector de estilo y los editores para ver que todo esté en orden. Si hay algún error se deberá hacer esa línea y volver a componer la página.

La siguiente fase es la impresión tipográfica en la máquina planocilíndrica y un cilindro de acero que hace presión por sectores. En este paso se imprimen los cuadernillos. El contacto del papel y el metal hace que las páginas sean de una alta calidad.

Luego, se ordena el libro y se dobla para formar cuadernillos que serán cosidos con hilo de lino. Como algunas páginas están dobladas y no podrían abrirse el cuadernillo, pasa por la refiladora, la máquina en la que se cortan los bordes. Finalmente, se elabora el montaje de la portada que puede ser rústico, cuando la portada es de cartulina; o fina, cuando se trata de libros con portadas duras y cubiertas de cuero, percalina o tela.

Cesar Buitrago, director de la Imprenta Patriótica desde 2013, dijo a Semana.com que han querido mantener esta forma de hacer libros “porque son las raíces de otros procesos tecnológicos (…) Lo más importante no son las máquinas sino los oficios. Esta forma de hacer libros se debe rescatar porque son patrimonio de la humanidad. Creo que es importante mantenerlo por amor al arte, al arte gráfico”, Agregó Buitrago.

La directora del Instituto Caro y Cuervo, Carmen Millán de Benavides, explicó que la Imprenta Patriótica preserva el oficio de tipografía y que permite crear libros que ahora son un lujo y considerados una obra de arte: “Un libro de estos es único, tiene personalidad; pasa por la mano de grabadores, impresores, hasta recibe masajes… Los nudos, las costuras y los grabados tienen detalles muy bellos”.

Ir al Instituto Caro y Cuervo en Chía permite conocer toda la cadena del libro. Es el lugar donde surgen las ideas, donde se plasman en un libro, donde se distribuyen, y donde son archivados en una biblioteca. Allí el libro es casi una extensión del ser humano.

*Las personas que deseen visitar la Imprenta Patriótica pueden hacerlo a través de una cita. Más información en este enlace: caroycuervo.gov.co

 

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Todo esto te daré

todo-esto-te-dare-dolores-redondoÁlvaro muere en circunstancias extrañas que hacen que a la sensación de abandono que Manuel arrastra desde niño, se sume el dolor de reconocer que su esposo le ha mentido;  tras su muerte se descorre el velo detrás del cual respira una vida paralela, un secreto que ha mantenido guardado celosamente.

Manuel se propone desentrañar el misterio de la muerte de Alvaro y descubre el mundo desconocido de la aristocracia gallega apegada a costumbres contranatura que le cuesta entender. Pero es ahí donde Manuel comprende que tras el engaño está la intención de mantenerlo al margen de la siniestra realidad que se desarrolla del otro lado, que la mentira que en un principio le duele fue la forma que ideó Alvaro para mantener lo suyo, lo de ellos dos, a salvo.

Manuel se rebela contra el amor compasivo y decide tomar las riendas de la vida. A un niño es a quien le corresponde portar la lámpara de Diógenes, el que le da luz a ese nuevo Manuel quien como en toda buena historia, termina crecido y empoderado, para ver con claridad lo que siempre ha estado ahí.

Disfruté mucho esta novela porque tiene varios ingredientes que hacen que una novela me guste: personajes muy bien construidos, una historia que atrapa, un suspense que mantiene al lector pendiente de un hilo hasta el final y un manejo  rico de la forma, un estilo literario muy cuidado.

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La literatura cotidiana

Esta charla del HAY en la que Ricardo Silva Romero y Antonio García Ángel hablan de sus últimas novelas, me interesó desde un principio. En medio de un boom de la novela histórica o la historia novelada, leer sobre lo que tenemos cerca, lo que nos habla de nuestras propias realidades, marca un contraste que tiene toda la vigencia.

Y me gustó. Me gustó mucho. Como dicen ahora, “vibré” con el tema.

 

ricardo1Ricardo Silva dijo algo así como que la literatura dice por uno lo que uno tiene en la punta de la lengua. Y en la punta de la lengua tenemos eso con lo cual nos identificamos, sin duda.

En “Historia oficial del amor”, Silva Romero reflexiona sobre la importancia de la familia para los colombianos y afirma que uno de los atractivos de su historia es que dice la verdad con el método de la ficción. Comienza de atrás para adelante, del presente al pasado, y sigue un hilo conductor que desemboca en una reflexión: es difícil vivir una vida íntegra en Colombia rodeados de tanta mezquindad.

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Para Antonio García, descubrir a través de Andrés Caicedo que uno puede escribir sobre los lugares familiares de la vida cotidiana, hizo que ajustara su mira literaria. En esta última novela, “Declive” ( debo aceptar que no la he leído aún) el personaje se mueve por todos los escenarios de la Bogotá cotidiana, usa el transmilenio y camina sus calles. Va en declive, como lo anuncia el título de la novela, y el lector se identifica con la angustia de un personaje al que ve caer, caer, caer…

La forma como García le da vida a la ciudad, es apelar a lo que llama el extrañamiento que es ver las cosas como si fuera la primera vez. Cuando te acostumbras a las cosas, estas tienen un grado de invisibilidad, se adormece la sorpresa.

Interesante, ¿verdad?